Lienzo de 20 x 20 cm (no incluye marco)
Cristales utilizados:
- Cuarzo cristal geometria estrella de David
- Ambar amarillo del Báltico
- Turmalina negra de Pakistan
- Zafiro azul
- Caracolas del desierto del Sahara
En la creación del fondo pintura acrílica.
Los cuadros están realizados a mano y abriendo un espacio para la canalización a través de ellos. Representan puertas en el alma de la colectividad cuyo fin es volver a traer aquella sabiduría que quedó perdida, oculta o censurada y que yace latente en aquellas personas que ven algo más en este tipo de arte.
Son un encuentro entre partes del alma personal y colectiva que se buscan en este tiempo para reunirse de nuevo.
Su lugar en tu casa, en tu centro es un espacio de unión del cielo y la tierra a través de los cristales y su frecuencia.
Canalización de la obra:
En los abismos más profundos de los océanos mora una memoria de la humanidad, un recuerdo que habla de soledad, de destrucción, de abuso de nuestra propia naturaleza divina…
Los abismos externos, son un reflejo de los internos y es en esa profundidad donde yace la memoria atlante. Negada, ahogada, amordazada de pura vergüenza y dolor.
Decían los antiguos que llegara el tiempo en el que humanidad volverá a ser Una, el tiempo en el que las aguas se detendrán y podremos vernos en nuestra propia verdad.
Este mandala cristal viene a poner sanación y unidad en las memorias de Atlántida, el ámbar poderoso sanador arbóreo envuelve el tejido que sostiene e irradia.
La turmalina negra lo entrelaza con la tierra, el espacio que hoy habitamos, nos cuida y limpia de todo lo negado y reprimido…
El cuarzo cristal irradia la pureza geométrica de nuestro propio diseño, centro de todo, lugar del que salimos y al que algún día regresaremos…
Las cuatro caracolas del desierto del Sáhara, que marcan el camino, la dirección, el encuentro hacia nosotros mismos como parte del aprendizaje. La espiral que impulsa hacia adelante, que pide recoger la sabiduría perdida y enterrada.
Aquello que algún día creímos perdido y que hoy nos encuentra de nuevo. Porque nada está perdido en la mente divina, tan solo, olvidado…




